Los grumitos de la vida

Cola_Cao_1960

«Empezó a toser. Menos mal que su abuela le dio algo de beber. Se calmó y los dos empezaron a reírse. Que manía con comérselo a cucharadas. Lo del Cola Cao parecía una obsesión para este niño, así que decidí hacerme uno para ver que era lo que tanto le gustaba. Grumos. Grandes, pequeños. Algunos se van y otros son indestructibles, pero siempre están ahí, como algunas personas. Abrí la ventana y vi que Juan jugaba en el jardín con la cara llena de restos de chocolate. El aroma de mi infancia, pensé. Hacía años que no disfrutaba de este sabor. Tendré que hacerme uno de vez en cuando, me trae buenos recuerdos.»

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Lemon.

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«Lemon. Qué poca vergüenza -pensó mirando por la ventana-. Le han vendido un coche defectuoso y va alardeando de ser diferente, de arriesgarse. Míralo, si ni tan sólo sabe aparcarlo. Pero, sinceramente, siento curiosidad –le dijo a Carla, la criada-. Desde los 50 que sigo con el mismo coche –enciende un cigarrillo y se sirve la segunda copa de whiskey escocés-. Sí, este es para mí, yo también se reconocer mis errores. Nadie es perfecto.»